jueves, 3 de mayo de 2012

Unas "pinceladas" sobre el 3 de mayo.


   Hoy se cumplen 204 años de los famosos fusilamientos que tuvieron lugar en Madrid durante la ocupación francesa.

   En noviembre de 1807 Napoleón entra en España por el acuerdo que había pactado con Godoy mediante el cual el ejército francés reforzaría al español y juntos poder conquistar Portugal. Pero las intenciones del galo eran conquistar la Península entera, nada de repartos. Durante tres meses Napoleón anduvo por España como Pedro por su casa ya que los españoles no opusieron resistencia, ¿por qué habrían de ponerla si el francés venía a apoyarles? Pero esta situación no duró mucho más, en Febrero de 1808 empezó a haber ciertos levantamientos por parte del pueblo español que se olía los verdaderos planes de Napoleón.

   Godoy fue destituido por Carlos IV y salió de España por miedo porque había sido él el “responsable” de dicha ocupación al hacer un trato con el enemigo. Pero Carlos IV abdica y vuelve a gobernar Fernando VII, que debe devolver la corona a su padre y éste la pone en manos del francés, quien corona el 6 de junio de 1808 a su hermano José Bonaparte rey de España.

   El 2 de mayo de 1808 el gobierno francés ordena la expulsión de los últimos miembros de la familia real que quedaban en España. Ante esta situación el pueblo de Madrid comienza el levantamiento contra el pueblo invasor. La reacción de los opresores fue ordenar el arresto y la muerte de cualquier madrileño que llevara un arma. Entendiendo como arma cuchillos, tijeras, navajas… Corrieron ríos de sangre porque eran muy pocos los que no llevaban algún objeto considerado “arma” encima, aunque su intención no fuera agredir a nadie (como le ocurrió a Manuela Malasaña que salía de trabajar con sus tijeras de costurera y fue arrestada y asesinada). Las ejecuciones ocurrieron la madrugada del 3 de mayo en varios puntos de Madrid, pero fueron los que sucedieron en la montaña de Príncipe Pío los que inspiraron a Goya para realizar su famosísimo cuadro.

Fusilamientos del 3 de mayo.
  
   Los fusilamientos del 3 de mayo fue pintado en 1813-1814 con intención de plasmar la lucha del pueblo español contra la dominación francesa.

   En esta obra abandona el neoclasicismo y se sumerge en una paleta de tonos marrones, negros, ocres…oscuros, en definitiva. Crea dos partes fundamentales: la primera, a la izquierda, la compone un grupo de civiles en distintas posturas; la parte de la derecha la conforman un grupo de seis soldados que apuntan con sus fusiles al grupo de civiles que tienen delante. Salta a la vista las diferencias entre un bando y otro: el francés ataviado con indumentaria militar, bien vestidos, con armas, todos en la misma posición y dando la espalda al espectador. El español (tanto los fusilados como los espectadores) van vestidos con la ropa con la que habían salido del trabajo, con las camisas hechas jirones, desarmados, la cara sucia, cada uno en una postura diferente.

   Los fusiles de los franceses, el haz de luz del farol, la propia gama cromática de la obra, así como los dos paréntesis que crea Goya con los dos grupos de españoles y franceses, nos dirigen la mirada hacia el madrileño que de rodillas y los brazos levantado espera a ser fusilado. Es obvia la intención del pintor, quiere que nos quedemos mirando a este personaje y nos sintamos conmovidos por los vencidos. Lo hace de manera sencilla, no sólo con las líneas que he dicho antes que nos llevan sin darnos cuenta a fijarnos en ese punto, también utiliza unos colores muy llamativos que no se vuelven a repetir en toda la obra (salvo en el farol) y elije una postura totalmente contraria a la del resto de madrileños, todos parecen encogerse sobre sí mismos pero él extiende los brazos para mostrar su falta de temor.

   Antes decía que los colores que Goya elije para el personaje central sólo se repetían en el farol, un elemento muy interesante. Situado justo enfrente del personaje central, de la misma gama cromática que el más valiente de los españoles, situado en el lado de los franceses. Es la luz de los franceses la que ilumina al pueblo español. Esto no sólo se ve en la luz sino en las posturas de los personajes: los españoles sumergidos en un caos de brazos y piernas inertes, mientras que los franceses parecen tan idílicos todos colocados en fila y bien dispuestos. Aprovecho para recordad que Goya fue acusado de ser afrancesado.

Carga de los mamelucos.
  
  Esta no es la única obra en la que Goya utiliza la guerra como protagonista. La pareja de Los fusilamientos del 3 de mayo es la conocidísima Carga de los mamelucos, que tuvo lugar el 2 de mayo. Entre 1810 y 1812 el pintor maño realizó Los desastres de la guerra, una serie de grabados en los que muestra todas las desgracias que trae la guerra.

Los desastres de la guerra, "¿Qué hay que hacer más?"





Los desastres de la guerra: "Aquí tampoco".





Los desastres de la guerra: "Grande hazaña con muertos".




(ATENCIÓN: SPOILER)



   En la película de Antonio Mercero La hora de los valientes, se habla de este cuadro.

Autorretrato de Goya.
   Gabino Diego hace de un celador del Museo del Padro entusiasmado con la figura de Goya, a todo el mundo que pasa por ahí le habla de los cuadros como si fuera un guía. La historia transcurre durante la Guerra Civil española y, cuando se están llevando todos los cuadros para sacarlos de Madrid (increíble el momento en el que están sacando Las Meninas y todos los operarios dejan su trabajo para volverse a admirar pasmados la obra, una de las joyas del Prado), bombardean el Museo y Gabino Diego decide llevarse a su casa un pequeño autorretrato de Goya para salvarlo de la barbarie.

   Y aquí viene el spoiler. Durante toda la película lo mantiene a buen recaudo hasta que consigue devolverlo a las galerías del Museo cuando acaba la guerra. Quería hablar de la película porque el final de la misma es un homenaje a Los fusilamientos del 3 de mayo. Los que habéis visto la película reacordaréis (y los que no la hayáis visto no sigáis leyendo) que Gabino Diego está huyendo de unos franquistas que quieren quitarle el autorretrato de Goya y tras recorrer las vacías calles de Madrid acaba en el Museo del Prado, donde los franquistas le alcanzan y el personaje de Gabino Diego, sabedor de lo que le va a pasar, con su pantalón beige y su camisa blanca desabrochada, se arrodilla en el frío suelo del museo, extiende los brazos y grita “¡Viva la libertad!”. Tras esto los franquistas disparan y le matan.

   Es una película que nunca me canso de verla y que os recomiendo a todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario